Si me gusta la gastronomía y la fotografía, podrás deducir que la fotografía culinaria me vuelve loca. En efecto. Creo en eso de que "la comida entra por los ojos" y es realmente placentero descubrir que un plato exquisito también es impecable visualmente.
Ahora están de moda los "realities" en torno a los fogones y los telespectadores, incapaces de saborearlo, juzgamos el plato por su apariencia; decidimos el próximo restaurante a probar por el aspecto del menú que detalla en su web y las noches de los fines de semana, instagram se llena de imágenes de viandas apetecibles que te hacen marcar un determinado local como favorito.
Pero igual que te muestra la cara seductora, todos sabemos que muchas veces el helado es un puré de patata disfrazado y que el brillo de una determinada textura es en realidad un barniz incomestible. Por eso, hoy os quiero hablar de estilistas culinarios que me gustan, y no de fotografía gastronómica sin más que con tintes publicistas llaman al engaño con comida como cebo.